Lo viejo, viejo es: Una reflexión sobre la vida después de la despedida
Lo viejo, viejo es. Mi hijo lo dice seguido. No como una ocurrencia, sino como una afirmación pensada. Es profesor de filosofía. Sabe lo que dice. Lo viejo, viejo es. El ritmo y la pertenencia el día después Mi despedida del colegio fue rock. Volumen, cuerpos cerca, una energía que sube sin pedir permiso. Hubo palabras que no estaban del todo escritas, abrazos largos, una emoción compartida que por un rato desordenó la rutina. Pareció que algo terminaba de verdad. Después vino el corte. Y al día siguiente, todo siguió. Los mismos pasillos, las mismas aulas, los mismos problemas —o más—, el mismo ritmo que no da tregua. Mis colegas siguieron ahí, incluso más exigidos. El sistema no registra lo que suena fuerte. Registra lo que no se detiene. Yo, en cambio, me quedé con tiempo. Tiempo para escribir, para pensar, para quedarme en una idea, para tomar mate sin que nadie necesite nada. Ellos no. La comunicación se volvió otra cosa. Yo puedo esperar, ellos no tienen cómo. Yo elaboro, ellos r...