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Mostrando las entradas etiquetadas como MemoriaFragmentada

Un sastre : Un relato sobre padres e hijos

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Soli, aún con una de sus tijeras en la mano y midiendo y cortando sus telas remarcadas con tiza, tenía preocupaciones relacionadas con sus hijos, que intentaba articular cual traje de alpaca inglesa. Cuando sus pensamientos se desbordaban él calmaba su ansiedad caminando ida y vuelta de punta a punta por el taller. Su hija mayor no le representaba un problema ya que estaba, felizmente para él y para su mujer Berta, unida en matrimonio con Isaac, un vendedor de carne kosher del Once, aunque le molestaba un poco que prácticamente nunca salieran del barrio, quizás alguna vez podrían llegar hasta la avenida Callao, pero jamás lo harían en Shabat, el día de descanso en el que a lo sumo caminarían juntos hasta la sinagoga de la calle Paso. El hijo del medio, en cambio, había caído en desgracia ya que había sido convocado al servicio militar. Eso significaba perder durante uno o dos años el ingreso por su trabajo como vendedor de casimires y obligaba a Soli a tener que vender unos cuantos t...

Coco: Relato de cómo hay pérdidas que no son tales

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El tornero   Hubo un tiempo en que Coco era de hierro. Tenista de club, orgulloso de cada músculo, de cada arruga que no aparecía todavía.  Si perdía un partido, lo vivía como afrenta personal. No importaba la edad del rival: él estaba ahí para demostrar que podía. En la mesa, en la parrilla, en cualquier terreno doméstico, tenía la misma actitud. El asado estaba un poco pasado, ¿no? La salsa, con un toque de sal de más. No era burla, tampoco consejo: era su modo de decir que él sabía. Había aprendido el oficio de tornero y, como quien lima el metal hasta que encaje perfecto, intentaba enderezar a los demás, al mismo tiempo que, quizás como cualquier contradicción porteña, caminaba por la vida un poco flojo de papeles. Vendió las máquinas un día. No porque quisiera, sino porque la vida fue llevándolo hacia ese costado sin torno y sin trabajo fijo. No vivió holgado, pero tampoco cayó. Con lo justo se arreglaba, a veces con un whisky bueno en la mano cuando se podía, siempre con...

El cumplir, entrega 7, "Feigl"

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1. En medio de las brumas del tiempo, en los confinados rincones del imperio ruso, entre los bosques frondosos y los campos estériles se encuentra la aldea de Sataniv. Un lugar que se yergue como un testamento a la resistencia, pero también como un monumento a la desesperación. Aquí, en este remanso de pobreza y persecución, se desarrolla la vida de Feigl, una madre judía cuyo destino se entrelaza con el de su gente y su tierra. Cada día en Sataniv comienza con el mismo ritual: el sol apenas asoma sobre el horizonte, y Feigl se levanta antes del amanecer para encender la vela en honor al nuevo día. Con manos temblorosas, recita las antiguas bendiciones mientras el suave resplandor ilumina la modesta habitación de su casa. Es un acto de fe, de conexión con algo más grande que ella misma, algo que ha sostenido a su pueblo a lo largo de los siglos de persecución y sufrimiento. Después de la ceremonia matutina, Feigl se sumerge en las tareas del hogar. La escasez de alimentos es palpable e...

El cumplir, entrega 6, "El guardapolvo"

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En el corazón de Barracas, Buenos Aires al sur, el conventillo que albergaba a la familia de Josef se veía inmerso en una realidad implacable. La conflictos de conducta de Josef habían dejado a Becky virtualmente sola, hipotéticamente a cargo de cinco hijos en medio de las deudas de juego generadas por la bohemia del pianista de orquesta que tocaba en los números vivos del cine de día con el mismo ahínco que se jugaba el dinero ganado en inútiles juegos de  póquer de noche. La ausencia de figuras de autoridad habían dejado a cada hijo en una búsqueda personal que tenía caminos azarosos no necesariamente rectos ni morales. Hilda, la primogénita de las mujeres, era varios años mayor que Susana, quien afrontaba su propia batalla en busca de la educación y la realización personal. La familia, marcada por cicatrices visibles de adultos que no lograban enterrar sus pasados sufrientes y que tampoco terminaban de adaptarse a la vida porteña, lidiaba con las adversidades cotidianas del mun...

"El cumplir", capítulos 1 al 7

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  Por Claudio Sprejer  1. San Petersburgo  https://deceducandoalsur.blogspot.com/2023/12/el-cumplir-entrega-i.html 2. Viejo pajero https://deceducandoalsur.blogspot.com/2024/01/el-cumplir-entrega-2-viejo-pajero.html 3. El arco https://deceducandoalsur.blogspot.com/2024/01/el-cumplir-entrega-3-el-arco.html  4. La mirada https://deceducandoalsur.blogspot.com/2024/01/entrega-4-la-mirada.html 5. El jefe https://deceducandoalsur.blogspot.com/2024/02/el-cumplir-entrega-5-el-jefe.html 6. El guardapolvo  https://deceducandoalsur.blogspot.com/2024/02/el-cumplir-entrega-6-el-guardapolvo.html 7. Feigl https://deceducandoalsur.blogspot.com/2024/02/el-cumplir-entrega-7-feigl.html

El cumplir, entrega 5: El jefe

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En las sombras del atardecer, el jefe, inmerso en su entrenamiento meticuloso, trota en busca de algún récord que sólo él conoce. Mientras deja atrás edificios, plazas y aceras, lleva consigo una carga invisible, quizás algún suceso del pasado, o alguna culpa que teje las sombras de su personalidad. Cada repetición, cada ejercicio de elongación posterior al trote, parece una búsqueda de control desesperada, como si correr fuera a apaciguar la angustia que anida en las profundidades de su ser. En la mesa familiar, la obsesión por el control alimenticio adquiere nuevos matices que sólo él conoce. Sus precarias elecciones culinarias disfrazadas de un comer sano parecen una barricada contra la ansiedad, como si cada bocado fuera un intento de mitigar la misma sombra que lo persigue al trotar, o al elongar, o al ordenar esos cientos de archivos de su computadora del banco, esa sombra se cierne sobre su alma. El entorno, ajeno a este tormento silencioso, solo atisba la rigidez de sus hábitos...

El cumplir, entrega 4, "La mirada"

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En un atardecer de primavera, Josef, el joven soldado del vasto ejército ruso, regresó a su aldea natal en la Rusia central tras una licencia otorgada por los estragos de la guerra. El sol, envuelto en tonalidades doradas y naranjas, se despedía en el horizonte, pintando de ambarinos reflejos los campos que se extendían infinitos. Josef, recuperaba sus sueños de pianista, llevando consigo en su alma las notas de un piano Estonia. Aunque vestía el uniforme militar, sus manos ocupadas de mochilas y petates delataban el cuidado y la sensibilidad del músico. Cada paso hacia la aldea resonaba con la sinfonía de sus sueños, mientras la guerra y la música danzaban como en un combate en su interior. Durante su licencia, Josef buscaba respuestas y consuelo en la melódica tradición de su familia. Las melodías de su piano imaginario resonaban en su mente, entrelazándose con los recuerdos de la aldea cual pentagrama de su vida. La aldea, un tapiz de campos dorados que se extendían hasta donde alca...

El cumplir, entrega 3, “El arco”

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En el corazón de Buenos Aires, el conventillo en donde vivía la familia de Josef cobraba vida en medio de calles polvorientas, algunas de ellas adoquinadas, y murmullos que evocaban la esencia de la época. El edificio de paredes desgastadas y balcones de hierro forjado se erigía con la majestuosidad desgastada de una era pasada, donde las voces de los inquilinos se entrelazaban en una sinfonía única. En este escenario, el patio del conventillo se convertía en el epicentro de las diferentes vidas familiares. Los colores desvaídos de las paredes se mezclaban con la luz de la tarde, creando una atmósfera que impregnaba cada rincón del barrio. Susana, la joven que se perdía entre las cuerdas de su violoncello, desplegaba su empeño en medio de las complicadas notas que intentaba domar. A diferencia de sus hermanos mayores, quienes se sumergían en la música con naturalidad, ella encontraba en el estudio una vía de expresión, un deseo fuerte de querer ser. Las risas de Saúl y Bernardo, resona...

El cumplir, entrega 2, "Viejo pajero"

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Buenos Aires, la ciudad de contrastes y laberintos urbanos, se alzaba como el escenario contemporáneo de las tribulaciones de Alexei, nieto de Josef. Mientras pedaleaba con buena cadencia rumbo al banco, un poco miraba de reojo los edificios de tinte español de la Avenida de Mayo, y otro poco intentaba ordenar en su cabeza por enésima vez la cuenta de sus ahorros que él destinaría a aquellas deseadas vacaciones por los lagos del sur. Las luces titilantes de la oficina apenas lograban iluminar el oscuro rincón donde Alexei, sumido en sus tareas diarias, se enfrentaba a la tiranía disfrazada de superioridad. Su jefe, un hombre que destilaba arrogancia y crueldad con cada palabra, lo sometía a un maltrato psicológico que se alimentaba de una extraña dualidad. En un instante, podía despedazarlo con comentarios hirientes, y al siguiente, intentar envolverlo en una efímera capa de afecto manipulador. Esa mañana, mientras revisaba una importante cantidad de informes financieros, el jefe, cavi...

El cumplir, entrega 1, "San Petersburgo"

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El ejército ruso del zar había sido demasiado para él, fundamentalmente porque Josef, con sus 18 años, no alcanzaba a comprender el porqué tenía que estar defendiendo a alguien que no hacía más que intentar matarlo de hambre, al menos como objetivo mínimo. Ya ni las cartas de la familia recibía. Había días en los cuales pensaba que seguramente las mismas fuerzas del uniforme pulcro e impecable que él mismo lucía, habrían arrasado con toda la aldea ya harto debilitada de comer todas las variantes posibles de papa y cebolla. Si al menos la aldea quedara más cerca de Odessa, hubieran podido comer la pesca del día, pero tan lejos de ahí no quedaba más remedio que hervir papas y que las bobes inventen todas las variantes de comida posibles, porque ni aceite para freír tenían. Al principio Josef se conformaba con no ser un Cosaco, porque “ los Cosacos eran los que salían a perseguir judíos por orden del Zar ”, le habían dicho. El uniforme le daba cierta prestancia, cierto aire de seguridad. ...

PST (apodos que atrasan)

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Por Claudio Sprejer En memoria de Marcelo Sch. Con “Cara con manija” compartíamos la hora de descanso entre las materias de la mañana y los talleres de la tarde. Habitualmente caminábamos desde el colegio a un bar de estudiantes en donde vendían los mejores sándwiches de milanesa completos de los que tengo recuerdo y que además, acompañábamos con enormes licuados de banana con leche. Comíamos parados y de apuro volvíamos al colegio. Durante el trayecto de ida y vuelta al bar teníamos las conversaciones más desopilantes, que derivaban en una especie de teatralización, parodiando situaciones de colegio en donde, invariablemente, terminaban luchando entre sí los superhéroes (nosotros) contra los docentes y/o preceptores (cuyo eje del mal era encabezado por la profesora Ponk (una célebre y maltratadora profesora de Dibujo Técnico responsable de gran parte de nuestras angustias) y el profesor Zant (quien había tenido la singular característica de enseñar la matemática de la manera más revul...