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Entradas

La Ponk: El arte de sobrevivir sin dibujar

Mi hermano mayor siempre fue un excelente estudiante y vaya a saber por qué vericueto psicológico yo sentía (o me querían hacer sentir y sentía) la necesidad de diferenciarme, pero al mismo tiempo de lograr los mismos resultados que él.

Mandarina y Tarantela: Un relato sobre la amistad

Esto pasó cuarenta y ocho años atrás. Estábamos todos los de mi grupo de Hebraica en un ómnibus, en medio de una guerra de cánticos que empezó como todas en la adolescencia: por nada. Un compadrito de otro grupo escupió hacia arriba, mala puntería o mala suerte, y el escupitajo aterrizó en el muslo derecho de un jean Levis, de esos que tenían los que podían pasar sus vacaciones en Brasil.  En ese momento, se hizo un silencio raro ; sólo se oyó, por unos segundos, el traqueteo del bondi y una frenada sin relación con nada . Él, dueño del jean, miró la mancha. Después miró el dedo del tipo, que seguía apuntando al techo. Después, recién después, lo miró a los ojos. Cualquiera hubiera mirado para otro lado. Él lo miró bien firme a los ojos, sin importarle que el tipo le sacara una cabeza y que fuera el latin lover adolescente del momento. Le dijo: " ¿Sos bobo? Vení y limpialo ". No hubo pelea. Hubo, para mí, una decisión: ese flaco bajito con jean y camiseta de Peñarol me inte...

La Razón sexta: Rituales

Hace años que duermo con un celu viejo prendido. Primero fue una radio chiquita, el instrumento fue variando, pero necesito una voz.

Nada importante: El país de Villa Santa Rita

Salgo una vez por semana con el changuito. No es que haga las compras de toda la semana —eso sería demasiado orden para un tipo como yo—, pero tengo la costumbre de caminar hasta la verdulería de Nazca, comprar lo que se me antoja y volver. Media mañana. El sol ya está alto pero igual hace frío.

El cajón: o el relato que no iba a tener mensaje

Hay una hora, en invierno, en que Playa Grande deja de ser una playa y es otra cosa que todavía no tiene nombre. 

MDQ: Una foto

Como escape de una de esas caminatas infinitas al lado del mar, tuvimos la urgencia de un café.

La parábola de Claudiomenoide, o la porquería de la IA parte 2

  Hace tres décadas, un alumno del secundario con un talento extraordinario para el dibujo decidió inmortalizar al plantel docente en una saga de historietas.