Aparece sin golpear. No pide permiso, no avisa con anticipación. Un martes cualquiera, a las cuatro de la tarde, cuando el sol entra de costado por la ventana de la cocina y yo estoy ahí, con la pava empezando a cantar, haciendo absolutamente nada.
Relatos e historias del Buenos Aires de adentro y otras yerbas. Por Claudio Sprejer