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La porquería de la IA y otras menudencias

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   La IA es una porquería que te enreda y te marea ​ Se nos vendió que el futuro era una autopista de cristal. Pero la realidad es que nos estamos ahogando en una sopa de bits, cafés tibios y mediocres, y respuestas automáticas que huelen a cartón mojado. Si esto es el progreso, me bajo en la próxima parada. ​Café de especialidad y la farsa del "co-worker" ​Estoy cansado, diría putrefacto, de ver cómo el barrio se llena de esas "cafeterías de especialidad" que te cobran un Perú por un café frío que debería estar hirviendo. Ahí tenés al "barista", un muchacho que se ofende si le pedís un poco de calor, y al cliente tipo: el co-worker plantado en una mesa de cuatro con auriculares gigantes, clavando tres horas de reuniones virtuales con jefes metrosexuales que no quieren pagar alquiler de oficina. ​¿Mi propuesta? Un bar de verdad. Café al paso, el diario en papel —donde las noticias todavía tienen olor a tinta—, y una medialuna de grasa, porque la mante...

Lo viejo, viejo es: Una reflexión sobre la vida después de la despedida

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Lo viejo, viejo es. Mi hijo lo dice seguido. No como una ocurrencia, sino como una afirmación pensada. Es profesor de filosofía. Sabe lo que dice. Lo viejo, viejo es. El ritmo y la pertenencia el día después Mi despedida del colegio fue rock. Volumen, cuerpos cerca, una energía que sube sin pedir permiso. Hubo palabras que no estaban del todo escritas, abrazos largos, una emoción compartida que por un rato desordenó la rutina. Pareció que algo terminaba de verdad. Después vino el corte. Y al día siguiente, todo siguió. Los mismos pasillos, las mismas aulas, los mismos problemas —o más—, el mismo ritmo que no da tregua. Mis colegas siguieron ahí, incluso más exigidos. El sistema no registra lo que suena fuerte. Registra lo que no se detiene. Yo, en cambio, me quedé con tiempo. Tiempo para escribir, para pensar, para quedarme en una idea, para tomar mate sin que nadie necesite nada. Ellos no. La comunicación se volvió otra cosa. Yo puedo esperar, ellos no tienen cómo. Yo elaboro, ellos r...

Besos: El amor en dictadura

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El baño Tuvimos aquel encuentro de miradas en el exacto momento en el que ella me acomodó el pañuelito sobre mi cuello frente al espejo del baño, entonces sentí lo que sentí. Fue al mismo tiempo en el que comprendí que había sentimientos que no necesitaban explicación alguna, que se entendían en el mismo instante en el que sucedían. La tele se escuchaba sonar desde el comedor. Minutos antes, casi a la pasada había visto la cara de uno de los de la junta militar diciendo vaya a saber qué cosa por cadena nacional, así que por reflejo pasé de largo y entré al baño dejando sin querer la puerta abierta. - Yo te acomodo el pañuelito en el cuello - me dijo Victoria mirandome a través del espejo del botiquín - Y en ese cruce de miradas, me enamoré. Silvi había percibido todo, así que me advirtió enseguida que ella tenía novio en Buenos Aires, por lo que en la despedida de aquella madrugada, me limité a darle el teléfono del negocio de mi viejo para que me llamara algún día, pero eso lo hice ...

Club de rateros en Olivos: Un relato con la picardía de los años 80

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Las mentiras adolescentes en los años 80  Había tenido un segundo año en el colegio bastante problemático con mis rateadas. Le tomé tanto el gusto a la cosa que, totalmente descontrolado llegué a tener veintitrés faltas y media cuando en mi casa sabían sólo de seis o siete. Todo estalló por algo imprevisto: me llevé Instrucción Cívica a marzo absurdamente por no asistir a clase de esa materia en el último bimestre.  Yo tenía la fantasía de que la profesora me iba a poner el cuatro que necesitaba porque sí, pero ella me calificó ausente como realmente correspondía. Absolutamente desesperado, al llegar diciembre escondí el boletín de notas. Mis viejos ni sospechaban la existencia del boletín de faltas, el cual yo venía firmando sistemáticamente. Se caen las rateadas Un hecho fortuito aceleró mi caída: un día fue a comprar al negocio de mi papá el secretario del colegio. Mi viejo entonces, aprovechó la oportunidad, se presentó luego de indagar un poco y, finalmente, le contó...

Un sastre : Un relato sobre padres e hijos

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Soli, aún con una de sus tijeras en la mano y midiendo y cortando sus telas remarcadas con tiza, tenía preocupaciones relacionadas con sus hijos, que intentaba articular cual traje de alpaca inglesa. Cuando sus pensamientos se desbordaban él calmaba su ansiedad caminando ida y vuelta de punta a punta por el taller. Su hija mayor no le representaba un problema ya que estaba, felizmente para él y para su mujer Berta, unida en matrimonio con Isaac, un vendedor de carne kosher del Once, aunque le molestaba un poco que prácticamente nunca salieran del barrio, quizás alguna vez podrían llegar hasta la avenida Callao, pero jamás lo harían en Shabat, el día de descanso en el que a lo sumo caminarían juntos hasta la sinagoga de la calle Paso. El hijo del medio, en cambio, había caído en desgracia ya que había sido convocado al servicio militar. Eso significaba perder durante uno o dos años el ingreso por su trabajo como vendedor de casimires y obligaba a Soli a tener que vender unos cuantos t...

La muerte del cisne (vago) : Testimonios de una muerte lógica

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  Por Claudio Sprejer   I Parte Policial: “Fallecimiento de masculino en sillón” Seccional xx, Av. Díaz Vélez, Almagro Redactado por el Sargento Primero Oliverio Oliva Olivetto Se reporta en este informe que, a las 21:15 del día de la fecha, se recibe un llamado al 911 por un olor extraño y un volumen alto de televisión en una casa de la calle El Maestro al 100, de la ciudad de Buenos Aires. Se procede a enviar personal policial el cual decide ingresar ante el escenario sospechoso. En el mismo abre la puerta una femenina quien se dice "familiar lejano" y se identifica como "Jaifeigue" o un nombre similar. Viste con una bata de paño capitoné color rosa viejo, un turbante envuelto en su cabeza “para que no se vea la toca” - declara - y pantuflas de cuerina negra, la izquierda aparentemente deteriorada por los presuntos rasguños de un felino. Encontramos al ciudadano, conocido según afirmación de otros vecinos como “El Pelado” (Pérez o Espencer, 60 años, recientemente ...

Vago y mala onda: relato de cómo molestar a un jubilado

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Etimología de “vago”: Viene de "vacuus", que significa vacío. La "s" final se cae, la "u" se transforma en "o" y todas las "c" intervocálicas se convierten en "g": vacuus>vacuu>vacu>vaco>vago Por vía culta da la palabra vacuo (vacío, sin consistencia). Se empezó a llamar "vacíos" a los que no quieren trabajar porque no producen, no se construyen así mismos como un sujeto actuante. "No tienen nada adentro ni en la cabeza ni en el alma". (Krisa Fiodor, amigo en apuros, siglo XXI) Las preguntas Él caminaba por una calle de Almagro, de esas con adoquines rotos y árboles que parecen pedir disculpas por seguir vivos entre tanto cemento. Las manos en los bolsillos, la mirada clavada en un charco que reflejaba un cielo gris porteño, de esos que te hacen dudar si es de día o si la ciudad se olvidó de prender la luz temprano a la mañana. Era un martes cualquiera, con olor a colectivo y ruido de bocinas, ...