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Entradas

Historia

Por Alejandro Castiglioni Sonó el timbre y segundos después la profesora entró en el aula. Era temprano, ocho en punto. Había cierta expectativa porque era nuestra nueva profesora de Historia de segundo. Me senté derecho y la miré. Tuve un momento de sorpresa. Ella ordenaba los papeles y los libros en el escritorio. Sus movimientos eran definidos, pero no se apresuraba, dilataba deliberadamente el inicio de la clase. Después de unos instantes nos miró. No tenía aros, ni collares, ni estaba maquillada como las otras profesoras. El pelo le llegaba hasta los hombros. Entonces ella comenzó. Laura se llamaba. Hubo una leve vibración en el aula y se hizo un silencio. Su voz era clara y firme. No gritaba, nunca nos gritó. Se la notaba serena. De vez en cuando nos sonreía. Y nosotros que teníamos la costumbre de buscar en los nuevos profesores las debilidades por donde hacernos un festín, supimos de inmediato que con ella no funcionaría.   Yo estaba deslumbrado; no podía de...

Él y los demás

Autor: Rafael Calomino Luisito era más inteligente que todos nosotros. Alumnos, profesores y el colegio mismo le quedaban chico. Vivíamos una época muy represiva y la educación, como sabemos, promocionaba lo peor de la sociedad. Al menos y para ser justo, así era nuestro secundario y muchos de los colegios religiosos católicos que inundaban Buenos Aires; pero con Luisito no podían. Él tenía el don de… de… ¿cómo explicarlo? Era seductor, atrevido, sumamente inteligente, oportunista, inesperado, podría llenar la página con elogios y no me alcanzaría para mostrar un instante de su genialidad. Era el único que, hiciera lo que hiciera, no daba margen para ser sancionado, inclusive los profesores que gozaban aplicando medidas represivas quedaban atrapados en su talento. Va un ejemplo. Lo mandaron a sentarse en primera fila; al menos, lo tenían controlado si se copiaba. Su compañero de banco era un chupa medias furioso y, como recompensa, los curas, lo ungieron como el mejor de...

Sonrisas verdes de té y esperanza

Por Shiru Lerner Después de dar una vuelta por Ban Kham, un pueblo chico de no más de 100 casas, compartiendo té con algunas vecinas, miradas con otras, risas con algunos niños, llegué a la escuela. Como eran las 18.30, los chicos ya no estaban. La escuela quedaba en el punto más alto del pueblo así que decidí regalarme uno de los atardeceres más bonitos del viaje. Me sentí abrazada por la energía del sol poniente y por su aire fresco con aroma a especias. Dos maestras que viven ahí porque sus casas quedan en otras ciudades alejadas, se sentaron junto a mí para acompañarme y al ratito de charlar me invitaron a ver a los chicos la mañana siguiente. Tanto insistí que le gané por cansancio a Tun Tun, el muchacho local que habla inglés, para que fuéramos a primera hora y entonces empezar un rato más tarde nuestro trekking. Me desperté ansiosa y llegué a la escuela minutos antes de que empiece la clase; ver arribar a los alumnitos poco a poco, todos con su morral colorido, sus cu...

JuanPi

Por Andrea Meritello Caminaba solo a unos cinco metros delante de mí por la calle Güemes. Al principio no le presté atención ni lo reconocí: era temprano y yo corría al trabajo mientras pensaba muchas cosas al mismo tiempo (los adultos siempre pensamos muchas cosas al mismo tiempo). Él iba apurado pero sus pasos eran livianos, como si tuviera resortes en sus zapatillas, como si la mochila del superhéroe no le pesara tan llena de libros, como si no tuviera preocupaciones, como si fuera un niño de diez años. Un niño de diez años sin preocupaciones. Resumiendo: un niño de diez años sin preocupaciones camina cinco metros delante de mí, una adulta de unos cuantos más con muchas cosas en la cabeza al mismo tiempo, cosas que parecen preocupaciones pero sólo son ruido, “ruido mental” (mi abuela siempre decía eso). Me apuré porque llegaba tarde. Lo pasé al trotecito. Lo reconocí por su pelo brillante, porque el viento le jugaba en los mechones mientras rebotaba en la vereda ha...

Etimología de escuela

Por Marcelo Crisafio ¿Sabe usted qué hacía Catón el Viejo cuando tenía tiempo libre? Tomaba su arado y se iba a trabajar en sus campos. Por supuesto que tenía esclavos para que hicieran esa tarea pero ocurre que la idea de “ocio”, para los romanos, era muy diferente de la que tenemos hoy. Es conocido que la palabra “negocio” proviene del latín nec + otium; esto es, el “no ocio”. El negocio es lo que un latino hace para comer, para ganarse la vida y no lo entiende como trabajo, por lo menos no en el sentido que le damos nosotros hoy.  Laborare  u  operare  (trabajar) es una tarea que conlleva un esfuerzo, que se hace porque es necesaria y útil y no implica necesariamente ganar dinero; e incluso se aprovecha el momento de ocio para hacer labores placenteras. Algunas de ellas pueden ser leer, practicar una actividad artística o -como Catón- dedicarse a la agricultura ya que, según él mismo lo expresa, “ agricultura magistra vitae est ” (la agricultura...

La Ponk

Mi hermano mayor siempre fue un excelente estudiante y vaya a saber por qué vericueto psicológico yo sentía (o me querían hacer sentir y sentía) la necesidad de diferenciarme pero al mismo tiempo de lograr los mismos resultados que él. Por eso le prometí a mi mamá, a los once o doce años, que iba a ser ingeniero civil y que le iba a construir una casa, una promesa hecha sin ningún fundamento pero con serio compromiso de mi parte. Consecuente con el compromiso asumido, decidí elegir el mejor colegio industrial para cursar el secundario. En ningún momento consideré otra propuesta, de hecho no me importó dar el examen de ingreso (mi gran desempeño en la escuela primaria había generado por entonces en mí una autoestima muy alta) En ese contexto mis padres me apoyaron (seguramente habrán evaluado también que una escuela del estado era mucho más barata que un colegio privado), entonces di el examen de ingreso sin problemas y entré a primer año cuarta división. El primer gran impac...

La documentación narrativa de memorias pedagógicas en el área judaica. Encuentro de dos mundos

Karina Korob nos presenta el proyecto "Tiud", realizado en escuelas de gestión privada, pertenecientes a la Red Escolar Judía, en un trabajo de indagación, aprendizaje y acción en las experiencias pedagógicas vividas por más de 60 educadores especializados en la transmisión de las tradiciones y cultura del pueblo judío. Este desafío implicó la aplicación de una modalidad ya probada de documentar en forma narrativa las experiencias de docentes especializados en la enseñanza, en un encuentro con educadores dedicados a la transmisión de la cultura judía. Los docentes del área judaica trajeron incorporados miles de años de relatos de tradiciones, historias y textos. Los relatos escritos brindan visibilidad a todos los docentes que día a día y con gran responsabilidad y compromiso hacia su tarea, acompañan a los alumnos y sus familias.  La documentación narrativa de memorias pedagógicas en el área judaica. Encuentro de dos mundos La documentación narrativa...