El permiso: Pensamientos frente al mar


Vivir en sociedad 
La culpa
La norma
El mar
Las rocas 
El sol
Sentado acá, con tiempo, con el sonido del mar de fondo, se me ocurrió interpelarme con estas cuestiones y cosas que, al menos hasta el día de hoy, me vienen acompañando desde siempre.
No sé cómo pensarlas, no sé cómo escribir algo que no se salga del cliché de miles, millones de textos anteriores. 
Quisiera tener la habilidad de perder el orden.
Agrego:
El orden
Lo único que se me ocurre volcar a mis palabras es, la enorme, inmensa, indescriptible angustia que me atraviesa en el mismo momento de verlas escritas, la contraposición entre un momento que, pensando en el sol y las rocas y el mar, debería ser de felicidad pero no logra serlo.
Agrego:
La felicidad 
Bajo la vista y escribo, levanto la vista y tengo el mar, las olas, la espuma y la nada detrás. 
Agrego:
La nada.
Cuál es el secreto para no tener que pedir permiso? A quién le pedimos permiso? Porqué lo pedimos? Quién dijo que eso está bien? Todos, en cada acción,  como un evento automático,  irreprochable, ineludible.
Sentado acá, el sol no me pregunta nada y el mar suena igual, y va a seguir sonando. Yo, en cambio, resueno en la culpa y los permisos que sigo pidiendo… aún estando solo.



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