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Necesito ser feliz: Una charla catártica en plena ruta



Cuando intenté concentrarme mejor, pasando kilómetros de ruta, zigzagueando a 120 km por hora, cuando traté de insertarme en aquel paisaje serrano entre la doble línea amarilla en el pavimento y las aves que jugaban con nosotros al volante, quietitas en el cemento hasta la última décima de segundo para luego levantar vuelo en el momento exacto en el que mis reflejos quitaban el pie derecho del acelerador y se apoyaban levemente en el freno, cuando la radio sonaba con la fritura de la distancia y yo me esforzaba un poquito más en entender la voz del locutor que acompañaba, en ese momento, en ese exacto momento, ella dijo:
- Necesito ser feliz.

La catarsis


Si dijera que me sorprende estaría mintiendo, en tantos años juntos esa faceta de inconformismo y padecimiento casi permanente me resultaba absolutamente familiar, al punto que en cierto modo me obligaba a mí mismo a adoptar la actitud positiva necesaria que hiciera de contrapeso, el sostén a aquella angustia permanente. Aun así, no dejaba de asombrarme el hecho de que, en un momento tan relajado y, si se quiere para mi feliz, asomara nuevamente ese sentimiento ingobernable de angustia profunda y existencial.
Mi respuesta a ese tipo de afirmación era intentar hacer un repaso oral de nuestro momento de vida.

- Los chicos están bien, nos sobra la guita, estamos de vacaciones, tenemos ahorros, trabajo, la jubilación bien encaminada, estamos aceptablemente bien de salud, tenemos proyectos…
- Te juro que lo pienso siempre. Soy consciente de que nos va bien, de que no nos pasa nada.

Desvié un segundo los ojos del camino para mirarla, percibí el brillo de la emoción que sentía en sus ojos, entendiendo al mismo tiempo que todo esfuerzo mío de modificar su estado resultaría inutil. 
Activé el botón de búsqueda para conseguir otra radio que me sorprendiera, que apoye el momento melancólico con la melodía justa. No lo conseguí.
Algún animal parecido a un conejo cruzó raudamente la ruta al punto de sobresaltarme. Entonces fue cuando apagué la radio y aposté al silencio que apoya a esos sentimientos que no logran encontrar solución en las palabras.
Y aceleré un poco más hacia el paisaje.


Comentarios

Lili ha dicho que…
Muy buena descripción de los sentimientos

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