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Entradas

Cincuenta y pico: Tocs en el pasaje

  La llave Iósele, ya llegando a su casa, desplegó una tormenta de TOCs: espió por última vez su celular en la entrada, sintió el olor en los dedos de su mano derecha mientras con la izquierda sacó el llavero del bolsillo ajustado del  jean que le recordó cierta incomodidad con sus kilos de más combinadas con el agujero en la tela interior del bolsillo que triplicaba la dificultad para sacar las llaves.

Necesito ser feliz: Una charla catártica en plena ruta

La soledad de la ruta Cuando intenté concentrarme mejor, pasando kilómetros de ruta, zigzagueando a 120 km por hora, cuando traté de insertarme en aquel paisaje serrano entre la doble línea amarilla en el pavimento y las aves que jugaban con nosotros al volante, quietitas en el cemento hasta la última décima de segundo para luego levantar vuelo en el momento exacto en el que mis reflejos quitaban el pie derecho del acelerador y se apoyaban levemente en el freno, cuando la radio sonaba con la fritura de la distancia y yo me esforzaba un poquito más en entender la voz del locutor que acompañaba, en ese momento, en ese exacto momento, ella dijo: Necesito ser feliz. La catarsis Si dijera que me sorprende estaría mintiendo, en tantos años juntos esa faceta de inconformismo y padecimiento casi permanente me resultaba absolutamente familiar, al punto que en cierto modo me obligaba a mí mismo a adoptar la actitud positiva necesaria que hiciera de contrapeso, el sostén a aquella angustia perma...

Caracol: Reflexiones en el patio

La fauna En mi patio tengo unas cuantas plantas, y una fauna que si sólo me la pongo a pensar me asusta un poco. 

Bar de los mellizos: Observando a los enamorados

La calle Condarco - ¿Vos qué querés? - Un cortado y una medialuna. - ¡Mozo!, un café, un cortado y dos de grasa. La fila de autos doblando se trababa un poco en aquella esquina, en esa hora en la cual se mezclaba la gente que iba a trabajar y la que llevaba a sus hijos al colegio. El invierno se sentía especial en Condarco, si no eras habitué te podrían deprimir un poco la oscuridad y las veredas rotas. Mirando hacia afuera por la ventana del bar, la única imagen reconfortante era la del cielo que comenzaba a clarear hacia la calle Artigas, pero eso no era para cualquiera, sólo estaba reservado para los parroquianos del bar de los mellizos, aquellos que, de tanto insistir con el ritual matutino, habían desarrollado la capacidad de saber apreciar la belleza de un amanecer escondido tras la rutina de un ventanal rústico y abierto que quería más ignorar el frío que ventilar el ambiente. En contra de las reglas, ellos estaban sentados juntos, sin mesa de por medio; en mi observac...

Babosas: Relato de la vida y la muerte

Movimientos en la cocina  Paró sus dos antenitas porque algo en sus sentidos le indicó que ese era el momento para deslizarse sigilosamente por el mosaico. 

Marrakech: Reglas propias y gente apasionada

El guía explica Marrakech es tal como nos decía el guía del tour por las medinas :  ¿Venís con las reglas de Europa? Olvidalas, nosotros tenemos nuestras propias reglas.

Tel Aviv: Primer relato playero

 En la reposera  Como si fuera hoy.   Tomo mi birome para zurdos (y no es menor esta mención) y decido escribir. Escribir porque estoy en un día de pleno sol en invierno (¿invierno?) de Tel Aviv.