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Entradas

La pelota siempre al diez: Un cuentito Mágico

Juan Las piezas esperaban como siempre, ahí, en orden militar, quietas como si no supieran lo que se venía.

Bicicletas: Breve relato de felicidad

El cuerpo desvencijado avanza detrás de la felicidad. No hay épica, apenas el esfuerzo torpe de las piernas que todavía obedecen. 

Ba’ala’aj en vaso: La felicidad explicada en dialecto Maya

No sé su nombre completo. En la playa lo llaman “Chepe”. Todos los días, a la misma hora, se inclina sobre la barra de madera y me pregunta si quiero “el de siempre”. 

Los muertos nunca se mueren: Un cuento de subte A

Creo que fue un martes, pero en Caballito los martes huelen a domingo mal dormido. Yo estaba en la calle Rosario, dejando volantes en los parabrisas de autos que dormían en las veredas bajo el sol del mediodía. 

La boca abierta: Relato de cuando el cuerpo grita lo que no se dice

Clara caminaba Palermo como quien atraviesa una canción vieja de Spinetta en medio del ruido de motos y deliverys. 

Ataque Marshall: Cuando el ajedrez y el amor también juegan

 El juego      - Tu turno. Sus dedos largos deslizaron el tablero hacia mi dirección. Carraspeó.     - Los blancos van primero.      - Si, lo sé, es una obviedad.  Me señalé, aceptando su tono dominante.

El cumplir, entrega 7, "Feigl"

1. En medio de las brumas del tiempo, en los confinados rincones del imperio ruso, entre los bosques frondosos y los campos estériles se encuentra la aldea de Sataniv.