El apellido empieza con S, y en la lista de la profesora de química, o de la de biología (dos materias que no me despertaban absolutamente nada), eso es casi una sentencia con fecha. No al principio (al principio hay margen, calculás mal, te confiás), pero después de la primera hora ya sabés la velocidad de crucero de cada profesor y podés hacer la cuenta: a este paso, me toca a las 10:40. Ochenta minutos.
Relatos e historias del Buenos Aires de adentro y otras yerbas. Por Claudio Sprejer