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Mostrando las entradas etiquetadas como relatosPorteños

Mandarina y Tarantela: Un relato sobre la amistad

Esto pasó cuarenta y ocho años atrás. Estábamos todos los de mi grupo de Hebraica en un ómnibus, en medio de una guerra de cánticos que empezó como todas en la adolescencia: por nada. Un compadrito de otro grupo escupió hacia arriba, mala puntería o mala suerte, y el escupitajo aterrizó en el muslo derecho de un jean Levis, de esos que tenían los que podían pasar sus vacaciones en Brasil.  En ese momento, se hizo un silencio raro ; sólo se oyó, por unos segundos, el traqueteo del bondi y una frenada sin relación con nada . Él, dueño del jean, miró la mancha. Después miró el dedo del tipo, que seguía apuntando al techo. Después, recién después, lo miró a los ojos. Cualquiera hubiera mirado para otro lado. Él lo miró bien firme a los ojos, sin importarle que el tipo le sacara una cabeza y que fuera el latin lover adolescente del momento. Le dijo: " ¿Sos bobo? Vení y limpialo ". No hubo pelea. Hubo, para mí, una decisión: ese flaco bajito con jean y camiseta de Peñarol me inte...

La lista de Remo

  La jubilación tiene un olor particular: a placard abierto de par en par un martes a la mañana, cuando deberías estar llenando libros de temas.

Elogio del prejuicio ajeno: De la calle Condarco a los pasajes de Rayuela

El Ruso es el protagonista de mi novela inédita El axioma de los espejos. A veces se escapa de las páginas. ‐------------------------------ ¿Cuál es el motivo para irme hasta México D.F. si aún no conozco la calle Condarco?

Besos: El amor en dictadura

El baño Tuvimos aquel encuentro de miradas en el exacto momento en el que ella me acomodó el pañuelito sobre mi cuello frente al espejo del baño, entonces sentí lo que sentí.

Club de rateros en Olivos: Un relato con la picardía de los años 80

Las mentiras adolescentes en los años 80  Había tenido un segundo año en el colegio bastante problemático con mis rateadas. 

Coco: Relato de cómo hay pérdidas que no son tales

El tornero   Hubo un tiempo en que Coco era de hierro. Tenista de club, orgulloso de cada músculo, de cada arruga que no aparecía todavía.

La pelota siempre al diez: Un cuentito Mágico

Juan Las piezas esperaban como siempre, ahí, en orden militar, quietas como si no supieran lo que se venía.