Suave

 Autor: Ian Evers


Hoy en día, todas las instituciones administran su información a través de un sistema informático. Las escuelas usan páginas web para guardar las calificaciones de los alumnos, las denuncias a la policía se guardan en una base de datos, y quedan ahí para siempre mientras el servidor donde estén guardadas no se queme, se rompa, o explote. De la misma manera se almacenan las visitas al médico, y las operaciones a realizarse en un hospital. En este caso en particular, el hospital en el que trabaja Sebastián hace unos meses, se encarga de arreglar pequeños errores en el sistema, que suelen aparecer cuando alguien ingresa mal algún dato y hay que corregirlo. Puede parecer irresponsable que una institución le dé la posibilidad a una persona de borrar información importante de cientos o miles de personas, pero en realidad no es muy distinto de como funcionaba hace años, cuando un empleado piromaníaco podía eliminar todo registro que conectaba a un ser humano con una organización. 

Desde que Sebastián ocupa su puesto viene estudiando el flujo de información del hospital; qué es lo que saben los secretarios, camilleros, enfermeros y médicos sobre cada paciente con el que interactúan. Todo este análisis le resulta interesante porque hace tiempo que viene pensando en quitarse la vida, pero no encontraba la manera de hacerlo dignamente. No quería que lo encontraran sus padres tirado, desangrándose en algún rincón de la casa, o convertirse en un desecho en el mar. 

Hace cinco minutos terminó de crear el historial médico que necesita para poder suicidarse en una sala de operaciones. Nadie del hospital va a dudar de un paciente terminal que está por darse la eutanasia; ni el camillero, que va a saber que ningún familiar va a estar ahí para despedirlo, ni el anestesiólogo, que va a saludarlo y pedirle que cuente hasta diez, ni el equipo médico, que va a asegurarse de que los órganos del paciente puedan llegar a otra persona que los necesite.




Ian Evers es actualmente diseñador web y estudiante de ingeniería de 21 años, con una mente inquieta vuelca sin prejuicio alguno sus ideas al papel

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