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Huevos: La contundente verdad de ser padre

 Mi hijo tenía razón, como casi siempre.

Encontré este texto en un archivo sin nombre, sin fecha, sin contexto. Lo único que recuerdo es el bar, el tostado de jamón y queso, el café que no alcanzaba para nada, y la certeza de que si no escribía me iba a quedar dormido en la silla.

Lo que había escrito era esto: que hacía tanto que no escribía que ya no sabía si escribía. Que me preguntaba si seguía teniendo la capacidad o si había quedado sepultada por la gris vida no tan gris ni tan vida. Que un tremendo sueño me invadía. Que llenaba renglones.

La pregunta de si uno sigue siendo escritor cuando no escribe es una de esas preguntas que no tienen respuesta útil. Mi hijo la resolvió de otra manera. Ante mi duda, me dijo:

—¿Qué? ¿No tenés huevos?

Y funcionó. Como casi siempre.

Lo que no sabía entonces es que la capacidad no se sepulta. Se esconde, que es distinto. Se mete debajo del sillón con la tele prendida, debajo de los mails con pretensión de creatividad, debajo del sueño de después del tostado. Pero está.

Lo sé porque encontré ese archivo y lo reconocí de inmediato. No por la letra, sí por el ritmo, por la forma en que la cabeza se mueve cuando escribe, por "la gris vida no tan gris ni tan vida", que es una frase que sólo podría haber escrito yo.

Llenar renglones. Sí. A veces es exactamente eso, y alcanza.




Huevos, por Claudio Sprejer

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Muy bueno claudio! Tengo q mirar mas de lo q escribiste, soy un lector, aunque a veces escribia algo